Es una escena apacible de figuras danzarinas, desnudas y ligeras de pocas sombras, suelo amplio y paredes lejanas, tonos cálidos y movimientos fluidos. No había risas más que en sus dos almas, sus ojos. Ella se sostenía de él con su mano arriba, bailarina dando vueltas en su remolino de sereno y gentil placer, él la miraba sonriente y complaciente, hinchando el pecho orgulloso que ella rozaba con sus dedos de vez en cuando y en un suspiro profundo, cálido, con voz grave y aguda, finalmente se desvaneció todo.